A pesar de los acontecimientos geopolíticos y macroeconómicos acontecidos en los últimos meses a nivel mundial, es sorprendente, al menos para los inversores institucionales, la reacción de los mercados financieros.
En el aspecto geopolítico, sin aparente solución en la guerra de Ucrania o el conflicto palestino, se ha añadido la guerra de Irán- Israel.
Tanto los bonos como la renta variable parece que interpretan que el conflicto entre Israel e Irán será resuelto de manera simple, bien por rendición por parte de este último, bien porque el régimen sea eliminado y, por lo tanto, aparezca un nuevo gobierno. Debido la proximidad del conflicto al cercano estrecho de Ormuz, zona de tránsito petrolero que conecta con el golfo Pérsico, y por ende surte y a la vez exporta el oro negro, China. El precio del crudo ha respondido con alzas de precios que lo han situado a niveles de principio de 2025, pasando de 60$ a 75$. Estados Unidos todavía no ha aclarado si participará o no en esta escalada, tema fundamental ya que puede alterar sustancialmente esta “tranquilidad” que el mercado demuestra. El grado en que se implique es consustancial a dichas consecuencias, es decir, varia si se convierte en un conflicto terrestre, las consecuencias serán difíciles de estimar, tanto a nivel económico como probablemente político para el propio Trump.
Si en el aspecto geopolítico hay cierta preocupación en el aspecto macroeconómico tampoco se queda atrás ya que el 9 de Julio, fecha prorrogada de los aranceles, en el que las conversaciones no parecen que hayan avanzado demasiado con ninguno de los interlocutores, pero conociendo la volatilidad en la toma de decisiones del presidente americano, cualquier posibilidad es contemplable. Todas estas noticias, no aleja, en todo caso, el fantasma de la inflación.
El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, ha hecho oídos sordos a las presiones del gobierno y ha mantenido los tipos de interés sin cambios, en el rango 4,25%-4,5%. Los argumentos esgrimidos para esta decisión son de todos conocidos, una inflación que no cede, una tasa desempleo controlada y por debajo de niveles críticos y una demanda que, aunque más débil, no es crítica. Con todas las dudas sobre la mesa, el posicionamiento de la FED es de una complejidad excepcional. Sin embargo, y a pesar de los desaires y las presiones del presidente Trump, no se esperan más de dos recortes de tipos de interés de aquí a final de año. Tema aparte es la problemática de la deuda y el coste de su servicio por los bonos a largo plazo cerca del 5%.
Todas estas tensiones en el otro lado del Atlántico han favorecido las inversiones en Europa, ya atractiva por valoración y más ahora si cabe con la reducción de los tipos de interés y la devaluación de su divisa que ha pasado de 1,04 al principio de año al 1,15 actual. Los diferenciales de los bonos se han mantenido estables, quitando, por un lado, el alemán con las elecciones y el cambio constitucional del déficit y por el otro, el español debido a la incertidumbre política de los innumerables casos de corrupción y la parálisis institucional que está generando.
Japón es otro mundo, con el BoJ, Banco Central de Japón, que pretende seguir reduciendo la compra de bonos, así como bajar el monto de su balance con un menor volumen de deuda emitida. Como está pasando en Estados Unidos, aunque aquí más exagerado, los bonos a largo plazo cotizan con unas rentabilidades elevadas y eso somete a mucha presión al sistema económico.
Mientras que la cautela es la principal recomendación, hay que seguir de cerca los acontecimientos que nos vayan viniendo del lado geopolítico, por lo tanto, seguimos con nuestra visión positiva hacia la renta variable europea y los bonos de corto plazo americanos. Esperamos que en el caso del dólar veamos un movimiento hacia niveles de 1,12 en los próximos días con un soporte sobre la zona 1,10. Los índices europeos, aunque han dejado de tener ese atractivo que veíamos a principio de año, pensamos que todavía podría quedar algo de recorrido, principalmente hasta que tenga un nivel de sobrevaloración algo mayor del actual, excluyendo que persista la escalada bélica que estamos viviendo.