Esta famosa frase que James Bond decía cuando pedía su Dry Martini, resume la situación actual.
Hemos iniciado un año especialmente agitado, entre los eventos geopolíticos, Venezuela, Groenlandia, Irán, Cuba y los sempiternos Ucrania-Rusia, junto a un incremento de la volatilidad a golpes dependiendo de lo de siempre, los comentarios del presidente americano, Donald Trump y sus efectos sobre el comportamiento de los mercados.
En el plano geopolítico, finalizamos el año con Venezuela, aunque el impacto en activos ha resultado neutro, supone un cambio sustancial en el tablero geopolítico mundial, con un mensaje por parte de Estados Unidos y Rusia, de yo me quedo Latinoamérica y tu Ucrania (y probablemente, lo que puedas en Europa).
Continuamos con Groenlandia, objetivo de Estados Unidos, no ya por su capacidad disruptiva en el trafico marítimo, si no por su potencial en tierras raras tan demandadas en estos momentos de cambios industriales motivados por la IA. Y tuvimos las consabidas amenazas de nuevos aranceles que duraron lo que los mantuvo en su retorica el Sr. Trump.
Irán representa una combinación de posicionamiento estratégico con una identidad religiosa y cultural compleja. Tiene un fuerte desarrollo en capacidades defensivas y ostenta una influencia significativa en su entorno. Las manifestaciones que estamos viendo desde finales del año pasado se corresponden con un cuadro de inflación, depreciación de la moneda, falta de acceso a servicios básicos y un régimen que aparenta una incapacidad manifiesta para resolver estos problemas. Nuevamente, Trump está sugiriendo unas acciones militares en la zona. Por su orografía, Irán tiene una ventaja defensiva importante que además condiciona la acción militar más allá de a una simple intervención aérea. El propio Collin Powell, ex jefe del Estado Mayor Conjunto en la época de George W. Bush, reconoció que la acción terrestre es una condición imprescindible en una intervención militar. Por todo ello, creo que cualquier acción realizada en Irán, puede suponer un problema con efectos no controlables.
Si de algo debemos sorprendernos, aunque creo que ya no nos sorprende casi de nada, es el movimiento tan salvaje que han tenido las materias primas junto con la subida casi vertical en este mes de enero del euro. Como efecto, hemos vivido estos últimos días una volatilidad en el oro y la plata cercana al inicio del covid o con la crisis financiera global, aunque en este caso a diferencia de los otros dos, no ha sido acompañado ni por la Renta Fija, ni la Renta Variable. Esta clase de comportamientos, pueden empezar a ser señales de aviso para las posiciones más especulativas en el oro. Los bancos centrales de países emergentes siguen acumulando oro y con ello, su capacidad de arrastre al resto de materias primas. Quizá esto, junto con el mantenimiento del bono a 10 años americanos consistentemente en rentabilidades por encima del 4%, justifican la salida de los inversores en bonos americanos de largo plazo y la ya mencionada subida en materias primas y en otras bolsas, principalmente la europea.
A todo esto, el experimento de Japón, a mi juicio está alcanzando tintes preocupantes, lleva al bono a 10 años a niveles de 2,5% y al yen a una debilidad extrema (actualmente 154, pero tocando un máximo de 159 en este mes de Enero, cotas de 1985), teniendo el Banco de Japón que intervenir en ambos casos.
Por tanto, el cuadro macroeconómico, no ha variado con respecto al de 2025, aunque como todo, cada vez más tensionado.
Aunque leemos constantemente que la confianza del consumidor sigue intacta, quiero mostrar, que actualmente no es así en todas las zonas geográficas. El gráfico 1 nos muestra como el conference board consumer confidence USA, se encuentra en niveles de 2020, niveles de pandemia. La Eurozona alcanza niveles intermedios y China lleva desde 2022 en niveles muy bajos, lo cual nos debería hacer reflexionar si realmente los activos financieros están respondiendo de una manera lógica y racional.
También deberíamos considerar la inflación percibida. La diferencia entre la inflación real y la inflación percibida se basa en que la inflación real tiene unas ponderaciones de los componentes que la conforman, mientras que la percibida es la particular de cada uno de los ciudadanos. Por ejemplo, en España la inflación cerró 2025 en el 2,9%, sin embargo, la sensación de los consumidores fue superior a dicha cifra, debido a que el peso de alimentos, combustible y vivienda en la cesta de nuestro gasto es superior a la composición empleada por el índice. La connotación más negativa es, lógicamente, las rentas más bajas y, por lo tanto, incide directamente en la confianza del consumidor.

Quizá la pregunta que nadie se hace, porque creo que realmente contestarla es cuanto menos compleja, es ¿en qué momento del ciclo nos encontramos?
Para intentar contestar a esta pregunta, me gustaría adjuntar un gráfico que indica el ciclo económico y el ciclo sectorial.

Para ello, nada mejor que ver el comportamiento de los activos en el año, gráfico 3. Resulta curioso ver como de los 10 mayores contribuidores del SP500 son Cobre, oro, petróleo, agricultura, commodities, gas.
Si extrapolamos esto a nuestro Gráfico 2, vemos que 6 de los 10 mayores contribuidores positivos son Industria Básica, Energía y Metales preciosos, junto con Tecnología y consumo, este último movido por el efecto inflación.

Por tanto, la apariencia de estos datos nos hace suponer que estamos en niveles de late bull market. Esta conclusión, se puede ver difuminada por la experiencia que tenemos no solo de la legislatura actual de Trump, si no también de la pasada, donde sus comentarios varían completamente el discurrir de los mercados. Por tal motivo, pensamos que los mercados están mezclados, no agitados, pero hay que estar atentos.